Hace dos semanas un amigo mío tuvo una caída mientras esquiaba. Es un esquiador experimentado pero debido a la helada de la noche anterior la nieve estaba congelada y nada más comenzar el descenso se cayó al suelo haciéndose daño en la rodilla. Al llegar a casa y tras varias exploraciones manuales con pronósticos tan graves como poco fiables decidió someterse a un resonancia magnética. Las noticias fueron buenas: el ligamento cruzado anterior que dos años antes le habían injertado había resistido la embestida. Pero la prueba reveló la presencia de severos cambios degenerativos gonartrósicos (artrosis de rodilla), por lo que el médico le aconsejó que dejara de practicar cualquier deporte que pudiera desgastar el cartílago de su rodilla. Así es como mi amigo se convirtió en un exrunner.

No soy nadie. Un exrunner

Todo el que haya practicado algún deporte sabe que la cosa engancha. Lo que al principio es un trámite para quitar la roña de tu cuerpo poco a poco se convierte en una actividad con la que disfrutas. Tras varias semanas, y al ver los primeros efectos de tu nueva afición, ya no puedes dejarlo: encajas tus entrenamientos en los huecos de vida que tu trabajo y familia no ocupan y los fines de semana participas en eventos deportivos con gente que comparte tu pasión. Te invade un deseo de ser más rápido, más fuerte o más habilidoso. En ese punto estaba mi amigo hasta su caída.

Por mi trabajo, veo esta situación con más frecuencia de la que me gustaría. Todas las semanas llega a mi consulta algún paciente en riesgo de convertirse en ex deportista, con su pasión amenazada por una lesión.

Normalmente a todos mis pacientes les digo que, en la medida de lo posible, hagan algún tipo de ejercicio. Siempre he creído que aunque la actividad física que lleven a cabo no sea la más idónea para su lesión de rodilla / tobillo / cadera / columna, los beneficios físicos, psicológicos y sociales compensaban la balanza. Así, el otro día llegó a mis manos un artículo de opinión que expresaba lo mismo. Tras leerlo pensé en mi trabajo: ¿es correcto aconsejar a los pacientes como yo lo hago o el médico que atendió a mi amigo tendrá razón? Casualmente, hace unos días buceando por twitter me encuentro con estos datos.

Resumiendo: en base a la evidencia científica disponible hasta el momento podemos decir que es muy recomendable realizar ejercicio aeróbico y/o ejercicio de resistencia tanto en tierra como en el agua. En lo que a medicación se refiere, no es muy recomendable ni el sulfato de Condroitina, ni Glucosamina ni la capsaicina tópica (ciertas cremas de calor), porque no demuestran mayor efecto que el placebo1,2.

Puede ser que estos datos se expliquen por el hecho de que el cartílago se nutre por imbibición3 o puede que encontremos la explicación en los mecanismos responsables del dolor. Sea lo que sea, lo que sí que queda claro es una cosa: el ejercicio físico es la clave así que: ¡A MOVERSE!

Comparte este artículo

Diplomado en Educación Física, Graduado en Fisioterapia, Osteopáta C.O. Técnico Superior de Prevención de Riesgos Laborales. Formado en Terapia Manual, Punción Seca y Ejercicio Terapéutico. Con una experiencia de más de 10 años en el tratamiento de pacientes y de 5 años como docente, actualmente ejerce la profesión de forma libre y trabaja como Profesor Asociado en el Grado de Fisioterapia de la Universidad del País Vasco – Euskal Herriko Unibertsitatea.

Comentarios vía facebook

Deja un comentario